La comida es un medio para hablar de espacios e infraestructuras

Photo: Pedro Pegenaute

[Originalmente publicado en Bauwelt 11.2023]

Bajo el título FOODSCAPES, el pabellón español presenta un examen del contexto agroarquitectónico y analiza los pasos necesarios para poner comida en el plato. Entrevista a Eduardo Castillo-Vinuesa, quien co-comisarió el pabellón con Manuel Ocaña.

¿En qué consiste FOODSCAPES — estáis cultivando hortalizas en el pabellón de España?

No. Hemos llamado al pabellón FOODSCAPES, pero el pabellón no va de comida. La comida es un medio –no un mensaje– que utilizamos para hablar de espacios e infraestructuras que viabilizan la vida metropolitana, pero que quedan externalizados. La comida es algo muy familiar y cotidiana, y a la vez muy alienante cuando empiezas a tirar del cable y ves a donde llegas. En el fondo, todos los átomos que nos componen eran paisajes que hemos creado, unas infraestructuras que tienen unas implicaciones ecosistémicas. Queremos que se hable de ello para de alguna manera responsabilizar la arquitectura de la fosa de la cual provienen sus materiales.La exposición en sí consta de cinco cortometrajes, un archivo en forma de recetario, y eventos públicos.

¿Son obras de análisis los cortometrajes, y propuestas el recetario?

No necesariamente. Hay un análisis crítico de la realidad en la que nos encontramos en el presente, y además hay propuestas, pero no corresponden estrictamente con un medio u otro. Además hay un programa público de eventos e investigación colectiva que intenta mirar a futuro. Todo el contenido está hecho expresamente para esta exposición; no estamos recolectando piezas ya producidas por estudios. Hemos buscado perfiles que operan en los límites disciplinares de la arquitectura. De hecho, los equipos de las películas son equipos interdisciplinares: hemos invitado a estudios de arquitectura a colaborar con cineastas y artistas audiovisuales, y los equipos de las recetas son arquitectos que rozan los límites de la arquitectura convencional. Los cortometrajes y las recetas articulan una investigación por todo el territorio nacional y más allá, y desde ahí planteamos el programa público. Es decir, las pelis y las recetas revelan las indicaciones políticas, sistémicas y ecológicas de cómo producimos y consumimos alimentos. La pregunta que lanzamos es: ¿cómo tenemos que diseñarlo de nuevo? Si el sistema agroalimentario es una gran arquitectura, entonces FOODSCAPES mira el conjunto de arquitecturas que conforman el sistema agroalimentario, una gran megaestructura que básicamente metaboliza y transforma territorios en nosotros, en seres humanos. ¿Cómo se puede rediseñar para que tenga menos fricciones y para que sea más justa y más resiliente? Esa es la parte que abrimos con el programa público, que se articula mediante una plataforma de investigación para la cual estamos seleccionando cinco investigadores por convocatoria que estarán en la bienal desde junio hasta su cierre en noviembre. Allí en el pabellón, estarán trabajando en Future Food, un compendio de casos de estudio para el futuro. Investigarán dinámicas, estrategias, tecnologías, y sistemas que tengan una potencialidad sistémica de transformar en 10, 20, o 30 años el cómo nos alimentaremos. Las líneas de investigación van también vinculadas a cinco capas que identificamos que tiene el sistema agroalimentario, que son las tres que todo el mundo ya conoce —producción, distribución, y consumo— pero a las que añadimos un prólogo y un epílogo que cierran un poco el ciclo: los residuos que genera el sistema de digestión, y el suelo, que conforma la cimentación de todo el sistema. Hay que entender residuos como recursos, y el suelo como una arquitectura primordial, como la infraestructura sobre la cual la arquitectura y la agricultura dependen. De estos cinco temas salen los cinco cortometrajes: Digestion, Consumption, Distribution, Production, Foundation. De alguna manera generamos una taxonomía de las distintas capas constitutivas que conforman lo que es la arquitectura del sistema agroalimentario. Las recetas, en cambio, son diez casos de estudio concretos que nos ayudan a atravesar las cinco capas. Para nosotros, una receta no se limita a cómo ensamblar unos determinados elementos en tu cocina, sino a toda la cadena de logística, química, labor, etcétera que es necesaria para que unos determinados ingredientes estén en el plato que tienes delante. Para el programa público lo que nos preguntamos es ¿cómo transformamos esta arquitectura? ¿Qué otros sistemas de distribución puede haber? ¿Qué otros sistemas de producción? ¿Cómo tenemos que tratar de manera más adecuada a los suelos? ¿Qué sistemas de circularidad material o residual podemos aprovechar?

¿Abordáis también el tema de justicia social en el sistema agroalimentario?

La película Production, que están haciendo la arquitecta Marina Otero con el cineasta colombiano Manuel Correa, es un trabajo situado en Almería. Ellos preguntan qué es la arquitectura en determinados contextos. Si la arquitectura es la modificación deliberada de un determinado espacio para que responda a unas cualidades programáticas, espaciales o ambientales determinados, entonces los invernaderos de Almería son arquitecturas. Son arquitecturas producidas para instrumentalizar unos determinados territorios, para generar unas condiciones climáticas determinadas que permitan la producción de unos determinados alimentos. Es un proceso casi alquímico de transformación de nutrientes que están en el suelo en un elemento de nuestra dieta. Production abre muchas críticas y problemáticas, como por ejemplo la explotación de la mano de obra migrante en Almería. Tenemos una determinada arquitectura política que permite que unos cuerpos se exploten de una determinada manera y otros de otra. Durante la pandemia nos dimos cuenta de cómo éramos dependientes de este sistema. Tenemos que ampliar lo que entendemos por ciudad. La ciudad no existiría sin una serie de paisajes de operatividad y de instrumentalización. Si vas desde Madrid a Granada no ves ningún paisaje natural. Hemos naturalizado, incluso romantizado, la idea de campos y paisajes instrumentalizados.

FOODSCAPES enlace bastante con España vacía, España llena, el tema de la última Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo (BEAU), y también con la exposición Countryside, the Future, de Rem Koolhaas. ¿Qué aportáis de nuevo a este discurso?

El des-posicionamiento del antropocentrismo de la agricultura. Entendemos que la agricultura no es algo que hemos hecho para nosotros, sino que es algo del que nosotros somos parte. La naturaleza es un concepto que hemos inventado dentro de la cultura, a la vez que la cultura es algo natural porque surge del planeta. El ser humano es algo que el planeta produce, y ese planeta ya ha tenido cinco extinciones masivas. Nos toca un punto de agencia, sí, de entender que por lo menos somos un agente geológico que tiene capacidad de transformar el cómo sus acciones repercuten en el medio ambiente. Esa perspectiva de des-antropologizar la arquitectura es un punto a lo mejor singular de nuestra propuesta. Entendemos que nosotros estamos de alguna manera entrelazados y metidos en un proceso de terraformación que está ocurriendo, que hasta ahora ha ocurrido de manera accidental, y ahora de repente nos estamos dando cuenta que podemos tener unas determinadas agencias en este proceso. Eso invita necesariamente a cambiar nuestra manera de relacionarnos con nuestro entorno. La arquitectura es uno de los medios principales por los cuales el ser humano se relaciona.

Actualmente hay tres películas españolas en las cuales el tema de la agricultura está presente: Alcarràs, Suro y As Bestas. La primera idealiza la vida agrícola familiar y tradicional, mientras las otras dos exponen sus facetas menos idílicas. Sin embargo, vuestro análisis tiene más que ver con el agrobusiness y la gran escala.

Las recetas no dejan de ser protocolos de unos determinados ensamblajes. Cada receta tiene un fondo político, un posicionamiento político por parte de cada uno de sus autores. Lo que nos planteamos es precisamente que uno de los grandes problemas que tenemos con el tema de la comida, pero ya a nivel general, incluso con la crisis ecológica, no es un problema tecnológico, no es problema ni siquiera ecológico. Es un problema cultural. Aquí carecemos de los mecanismos de gobernanza adecuados para influir en aquellas dinámicas que nos trascienden a nivel de personas humanas. Y obviamente aquí se abren muchas cuestiones. Hay sistemas por ejemplo, o elementos, que son capaces de mediar entre la escala humana y escalas supra humanas, por ejemplo las instituciones o los gobiernos. Pero en términos de producción, distribución, y consumo de alimentos, los límites territoriales van mucho más allá de los del estado español. En una receta tan española como pulpo a la gallega hay ingredientes que vienen de una fábrica de algas en Chengdu, China. Eso pone en cuestionamiento también hasta qué punto seguimos operando, por ejemplo, en modelos geopolíticos de hace 600 años, cuando todavía no teníamos consciencia de que el tiempo histórico humano tiene una interacción con el tiempo geológico planetario. No tenemos las herramientas de gobernanza adecuadas para abordar los problemas a los que nos afrontamos hoy en día. Nos quedamos en discusiones sobre lo local, vamos a repoblar zonas que se han quedado despobladas…

Qué propone vuestro recetario: ¿gastronomía fusión o comida casera?

En nuestro recetario no solamente se ensamblan ingredientes químicos que encuentras en la cocina, sino que se ensamblan paisajes, se ensamblan marcos legales, se ensamblan culturas, se ensamblan muchas otras cosas que hacen que esos platos puedan llegar a estar ahí. Al final no estamos hablando de comida.

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