La crítica arquitectónica y la imagen del arquitecto / Architectural Criticism and the Public Image of the Architect

[English text follows below]

 

Foges-arquitectos-humor

fuente: cosasdearquitectos.com

La crítica arquitectónica y la imagen del arquitecto

La imagen importa más que nunca. En la sociedad en la que vivimos, nos guste o no, la forma cuenta más que el contenido. En arquitectura, esto puede tener varias interpretaciones: que la forma de un edificio mismo importe más que su función, pero también que la ‘representación’ de una obra en medios de comunicación importe más que su realidad física; porque siempre será visto por un público mucho más amplio a través de fotografías en medios de comunicación que visitado o palpado in situ. El medio es el mensaje, como dijo Marshall McLuhan al principio de los 60. Hoy en día este hecho es aún más evidente. Dicho esto, está claro que también importa la obra física en la arquitectura, sobre todo para los usuarios, los ciudadanos, y los que están pagando por ella. Pero todos sabemos que la arquitectura, especialmente en casos de obra pública, siempre tiene una ‘utilidad’ adicional al programa de uso, y esa utilidad es crear imagen para alguien. Vivimos en una sociedad cada vez más mediatizada, y cada vez más competitiva, lo que hace que se compita cada vez más en el campo de los medios y las imágenes. Guste o no, es así.

La imagen es muy importante hoy en día, pero la crítica no consiste en construir imagen. La imagen es solamente una consecuencia de la crítica, un subproducto. La tarea principal de la crítica es poner al día continuamente el canon arquitectónico. No todo lo que se diseña o se construye puede ser considerado emblemático, o un ejemplo a seguir. No todo puede incluirse en los libros de historia de la arquitectura. Hace falta seleccionar, filtrar. La crítica es un ‘primer filtro’. Sirve, en un primer instante, para separar el trigo de la paja, como dice Joseph Rykwert; o lo que es lo mismo, ‘la arquitectura’ de ‘la construcción’. Lo bueno de lo feo o lo malo. Por eso, una vez seleccionada una obra para ser publicada, ya no importa mucho si la crítica es positiva o negativa. El mero hecho de haber sido publicada ya le otorga cierto prestigio a una obra. Como dijo Oscar Wilde: “Hay solamente una cosa en el mundo peor a que hablen mal de ti, y es que no hablen de ti”. O como dijo Philip Johnson: “Di lo que quieras sobre mí, pero por favor, escribe mi nombre correctamente”.

Hace poco, el arquitecto Patrick Schumacher (socio en el estudio de Zaha Hadid) dijo en facebook que los críticos deben ‘explicar’ lo que hacen los arquitectos en lugar de juzgar. Que su rol es de actuar como intermediario para transmitir un mensaje desde el arquitecto al público. Yo me opongo rotundamente a este papel. La crítica es una interpretación o una lectura de una obra. A lo mejor, una lectura que ni se le ocurrió al arquitecto.

Hay una diferencia muy importante entre la nota o memoria explicativa de proyecto que redacta un arquitecto en la que describe sus intenciones, o la nota de prensa escrita por una agencia de comunicación, y un texto escrito por un ‘crítico’, que describe, opina, interpreta, y sí, juzga. La memoria y la nota de prensa no son ‘crítica’ precisamente porque ‘explican’ intenciones. La crítica tiene que ser independiente, autónoma. Sin una evaluación independiente, una obra de arquitectura jamás podrá ser aceptada en la colección de obras canónicas; es decir, en los libros de historia.

Desafortunadamente, muchos supuestos ‘críticos’ no entienden este principio, y con ello efectivamente, la crítica está sufriendo una mala imagen. Muchas revistas ya no incluyen textos de crítica, sino memorias explicativas o textos basados directamente en notas de prensa. La crítica independiente cuesta tiempo y dinero, porque se hace desinteresadamente, al menos en teoría. Por desgracia, como muchas revistas – sean físicas o digitales— tienen dificultades para llegar a fin de mes, optan por la vía fácil. Por otra parte, el hecho de cómo ciertos arquitectos se han convertido en súper-estrellas, es algo que hace que la crítica a sus obras sea vista como algo sospechoso. “Qué le pasa a este crítico? A todo el mundo le gusta esta obra menos a él!”. Otro problema es la fotografía arquitectónica: es tan buena y tan seductora, que resulta difícil ser crítico a su lado. Todo es siempre fantástico en la fotografía arquitectónica: el cielo es azul, la gente guapa, y los edificios chulísimos.

En mis experiencias con algunas revistas me he encontrado con casos en que no han querido publicar un texto demasiado crítico. Tienen miedo a ofender al arquitecto, que a lo mejor les ha ofrecido fotografías gratis y promete comprar ‘x’ números de la revista para regalar a sus clientes, si el texto es favorable, claro. Por eso creo que está teniendo mucho éxito Mark Magazine, una revista Holandesa internacional cuyos editores dan mucha libertad a los escritores para opinar, cosa que, como uno de los corresponsales de esta revista, agradezco mucho.

Me empecé a interesar en escribir sobre arquitectura al darme cuenta un día de que ver un articulo mío publicado en una revista me daba un subidón muy parecido al de ver una obra propia completada, con la diferencia que me costaba menos tiempo, y no requería para ello de un seguro de responsabilidad civil. Por contra, también son bastante menores los honorarios que se perciben por escribir.

También es cierto que la decisión, por parte de un editor, de incluir o no una obra determinada en su revista se suele hacer basándose casi siempre en la calidad de la fotografía, y no tanto en la calidad del texto. La buena fotografía es imprescindible para las revistas, que muchos ojeamos por encima viendo únicamente las imágenes al decidir si comprarla o no. Por tanto, el texto suele ser secundario a la imagen. No debería ser así, creo yo, pero en fin. Es como funcionan la mayoría de revistas.

En el número 50 de Mark, traté de ‘revisitar’ 5 obras españolas que en su día ya fueron publicados en esta misma revista. Escribí un artículo que pone la mirada de nuevo sobre algunas obras emblemáticas años después de la finalización de la construcción, estando ya en uso. La idea la propuse yo a los editores, porque estaba harto de escribir siempre sobre obras cuando aún tenían olor a pintura. Cuando ves un edificio recién acabado, aún sin vida, no se puede evaluar su rendimiento y su funcionalidad, criterios que también son muy importantes, en mi opinión. En la teoría, los edificios suelen ser perfectos, pero en la realidad nunca lo son. Sin embargo, me interesa más la imperfección real que la perfección ideal. Ofrece más matices, anécdotas, y poesía para la lectura de una obra. En este artículo vimos publicadas algunas fotos muy diferentes a las que se suelen publicar en la mayoría de los casos. No son fotos que dan precisamente buena imagen al arquitecto o al político interesado en sacar provecho a una obra emblemática.

Una de las responsabilidades de la crítica es, entre otras cosas, la denuncia. Como ya sabemos los seguidores de Masters of Concrete, en la arquitectura hay algunos impostores y charlatanes, y es importante que sean desmitificados, pero siempre, creo yo, fijandose en su obra y nunca exclusivamente en su persona.

La fachada de un edificio calificado de ‘ecológico’ en Barcelona nos ofrece un buen ejemplo. Sus placas fotovoltaicas tienen teóricamente la función adicional de dar sombra a sus ventanas en verano, evitando así el calentamiento solar interior y ahorrando en aire acondicionado. En invierno, en cambio, dejan pasar los rayos del sol para calentar el interior. La idea es genial. El problema es que las placas se hacen también sombra a sí mismas, por el juego formal que hace la fachada. Si las ventanas y sus viseras estuviesen todas a la misma altura, esto no ocurriría. Pero claro, estéticamente no sería tan atractivo. Curiosamente, los arquitectos dicen haber utilizado parametricismo para optimizar la exposición solar de las placas. Es evidente que en realidad, lo que han intentado optimizar es la forma estética, tal vez porque saben que la imagen importa más que el rendimiento. ¿Qué más podemos esperar de una empresa de suministro energético que necesita lavar su imagen mediante “greenwashing” y de unos arquitectos dispuestos a vender su alma?

La crítica es necesaria para mantener bajo control a los arquitectos, políticos y empresarios demasiado ambiciosos. La crítica, entendida como oposición, como sistema de control de calidad, es imprescindible en una democracia. Hay que entender, además, que la crítica arquitectónica no está dirigida a los arquitectos únicamente, sino a la sociedad en su conjunto. Somos lo que construimos, algo que conocemos muy bien en este país, y la crítica arquitectónica es también una importante tarea de análisis social. Yo, al menos veo así mi ‘responsabilidad civil’; mi lugar como ciudadano.

Hay países que no toleran la crítica, como bien conocemos en este país, sobre todo los que tenemos cierta edad. En Irán, por ejemplo, mi blog, criticalista.com, esta censurado. En su lugar salen unas recomendaciones oficiales para visitar sitios web ‘alternativos’. Nunca he mencionado Irán en ningún post, pero esto no importa. No quieren que sus ciudadanos vean que un chalado como yo pueda expresar sus opiniones con más o menos libertad. Este tipo de censura está dando mala imagen a Irán y a otros países, forzándoles a cambiar sus políticas poco a poco. La noción de ‘imagen mediática’ tiene también su lado positivo, me gustaría destacar.

Sitios como Archleaks [web que ya no existe] son una forma de crítica alternativa y complementaria a la que hacemos los críticos. Quiero destacar que firmo siempre lo que escribo, con mi nombre real. Estoy también dispuesto a que me critiquen a mí. Nadie es perfecto. Todos hemos cometido errores; todos la hemos cagado en algún momento. Algunas veces he metido la pata, y he tenido que reconocer mis errores. Es menos arriesgado criticar desde el anonimato, pero en cambio es también menos creíble.

Hoy en día casi todos somos críticos. Todos opinamos, todos ponemos ‘likes’ en facebook o estrellitas en twitter. Este hecho también está cambiando la crítica tal como la conocíamos antes, cuando un puñado de críticos tenía cierto monopolio sobre esta tarea. Son tiempos interesantes los que estamos viviendo; tiempos de cambio y de inestabilidad. Precisamente por esto hace falta más que nunca una crítica comprometida, y desinteresada. Y por qué no, también con un poco de humor.

[una versión previa de este texto ha sido presentada en un simposio de la ETSAB, y publicada en Palimpsesto 13]

 

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Fachada del pabellón ‘SmartCity Barcelona’ / The façade of the ‘SmartCity Barcelona’ pavilion

 


Architectural Criticism and the Public Image of the Architect

Public image matters more than ever. Today, whether we like it or not, form is more important than content. In architecture, this can be understood in two ways: that the form of a work matters more than its function, but also that the photographic representation of a work matters more than its physical reality, since a renowned building is always ‘seen’ by many more people through media-reproduced photographs than firsthand. The medium is the message, as Marshall McLuhan said at the beginning of the 1960s, yet today, with internet, this is even more the case. The actual physicality of a building also matters, of course, especially for its regular users, citizens and neighbors, and whomever has paid for it. But as we all know by now, in addition to programmed use, important architectural works are often expected to fulfill an additional ‘use’, namely shaping someone’s public image. We live in a society that is ever more mediatized and competitive, and public image is increasingly the basis of that competition, like it or not.

Public image matters, but criticism is not about shaping public image. Public image can be affected by the publication of critical text, as it is a byproduct of criticism, but that should never be the objective. The primary task of criticism is to maintain and update the architectural canon; the body of exemplary works of architecture. Not everything that is designed and built can be included in architectural history books. There needs to be some sort of filtering out or selection, and criticism serves as a first “sieving”, as Joseph Rykwert has written, “separating the wheat from the chaff”.  Or the good from the bad and the ugly.

This is why, once a work is selected for publication, it doesn’t really matter very much whether the criticism is positive or not. The mere fact of being published already confers a degree of prestige upon a work. As Oscar Wilde quipped: “there is only one thing worse than being talked about badly, and that is not being talked about at all.” Or as Philip Johnson put it: “you can say whatever you like about me as long as you spell my name correctly.”

Not long ago, architect Patrik Schumacher (partner in the office of Zaha Hadid Architects) said in one of his infamous facebook rants that critics should “explain” what architects do. He argued that a critic’s role is to act as mediator, transmitting or translating a message from architect to the public. I vehemently oppose such a role. Criticism is a reading or an interpretation of a work in its own right; perhaps one that never even occurred to the architect, or that the architect never intended. 

There is a fundamental difference between an explanatory statement written by an architect or a communications agency to explain the intentions behind a work, and a critical text written by someone who describes, opines, interprets, and yes, judges. An architect’s statement or press release are never critical precisely because they explain intentions, and because they have a vested interest in creating public image. Criticism must be independent, or autonomous. If it isn’t, it lacks any credibility whatsoever. 

Unfortunately, some supposed ‘critics’ don’t understand this principle, and because of this, criticism itself has developed a public image problem. Many architectural periodicals don’t even publish critical writing such as reviews anymore, publishing instead explanatory texts or articles based on press releases. Independent criticism costs time and money precisely because it is disinterested, at least in theory. Unfortunately, many architectural publishers —whether digital or on paper— are having difficulty making ends meet, and so they often choose the easy road. At the same time, the fact that a number of architects have become media celebrities often means that any criticism of their work is seen as gauche: “What the hell’s the matter with this critic — everybody else likes this building!” Another problem is architectural photography. It’s so good and so seductive, that it’s often difficult to write critical words next to it. Everything is always perfect in architectural photographs: the sky is blue, the people are beautiful, and the buildings always look way cool.

The editors of many architecture and design magazines prefer not to publish writing that is too critical. They are often afraid to offend the architect, who probably provided the photography free of charge and who promised to buy at least a hundred issues of the magazine to give out to clients as Christmas gifts, but only if the article is favorable of course. I like to write for Mark Magazine —an international architecture magazine published in the Netherlands— because its editors generally grant their writers a relatively high degree of freedom, allowing each writer to express a distinct voice.

I first became interested in writing about architecture when I realized one day that seeing an article published in a periodical provided a rush similar to the kind that comes from seeing an architectural design realized, with the exception that it cost much less time and effort, and doesn’t require carrying professional liability insurance. Then again, writers’ fees tend to be a lot lower too.

It’s also true that most editors base their decision on whether or not to publish a particular work on the quality of the architectural photography more than the quality of the critical writing. Good photography is essential for books and especially magazines, since customers usually make their decision of whether or not to buy a magazine after browsing mostly through the images. Text is therefore usually secondary to the image. It shouldn’t be like this, if you ask me, but what can you do? It’s simply how media and human behavior work in a capitalist economic system.

Recently, for a special 50th issue of Mark Magazine, I was asked to ‘revisit’ five buildings in Spain that had initially been published in earlier issues of this magazine. My piece looked once again at these buildings several years after completion, this time while in use. I’m always a bit skeptical when I have to write about buildings that still have a wet paint aroma. When a building is seen before occupation, it is impossible to evaluate its performance and its functionality, criteria which I happen to believe are important. In theory, architecture is always perfect, but in reality that is never the case. I much prefer real imperfection to ideal perfection: it offers greater poetic nuance and anecdotes when undertaking a reading of a work. In this article in Mark, the photographs were actually somewhat critical, not glamorous. They were certainly not very useful to architects or politicians intent on exploiting emblematic architecture for public image purposes. 

Indeed, one of the tasks of criticism is to denounce. As the fans of Masters of Concrete [an anonymous Spanish-language website that lampoons celebrity architects] already know, architecture is not exempt from charlatans and snake-oil salesmen, and it’s important that critics call architectural bluffs and denounce false claims. But always while focusing on architectural work and not persons.

The façade of a purportedly ‘ecological’ building in Barcelona offers a good example. Its photovoltaic panels were designed to perform the addititional function of keeping direct sunlight out of windows in summer but not winter, helping to reduce air-conditioning and heating costs. It’s a brilliant idea. However, the problem is that the oh-so-cool checkered composition of the façade causes the photovoltaic panels to also cast shadows on one another. If the windows and their PV cells had instead been positioned in horizontal rows, i.e. lined up at the same height, this wouldn’t occur, but aesthetically this would of course result in a less dynamic-looking façade. Curiously, the project statement claims that parametric software was used to optimize the positioning of the panels. It is clear that what they attempted to ‘optimize’ was the aesthetic form, not the performance. These architects and their client [Endesa electrical utility company] understand, after all, that image matters more than substance. Can we expect otherwise from a private utility corporation that needs to greenwash its image, and from architects who are willing to sell their souls?

Architectural criticism is necessary in order to keep tabs on overly ambitious architects, politicians, and clients. Criticism, understood as ‘opposition’ or as a system of quality control, is absolutely necessary in any democracy. I also believe that architectural criticism is a form of more general social critique, and so it should never be relevant exclusively to architects. We are what we build, something that we know only too well in Spain, and I see architectural criticism as a valuable form of social analysis. That is at least how I see my role as a citizen.

Some countries don’t tolerate criticism, as we also know only too well in this country, especially those of us over a certain age. In Iran, for example, my blog criticalista.com is censored. In its place, an official page appears recommending ‘alternative’ websites for its citizens to visit. I’ve never mentioned Iran in any of my blogposts, but that doesn’t matter. They don’t want their citizens to see that even an average joe like myself can express their opinions more or less freely. Censorship policies have caused countries such as Iran image problems, forcing them to gradually and subtly change ways. Public image, then, also has a positive aspect, as it can bring about political change.  

Web 2.0 sites such as Archleaks [now shut down], where anyone can write anything they want in absolute anonymity about any architect, are a form of ‘criticism’ available to one and all. However, I prefer to put my real name to my writings. As such, I’m prepared to also accept criticism myself. Nobody’s perfect. I’ve put my foot in my mouth more than once, and had to rectify my errors. Everybody makes mistakes. Anonymous criticism may entail zero personal risk to one’s public image, but at the same time it also lacks any credibility whatsoever.

Today, everybody’s a critic. We all put thumbs on facebook, stars on Twitter, and hearts on Instagram. This is changing criticism as we once knew it, when only a handful of annointed writers effectively monopolized this activity. The times they are a changin’, which is precisely why we need, more then ever, criticism that is insightful, independent and disinterested. Perhaps even with a sense of humor.

[Earlier versions of this text were presented at a symposium at the ETSAB (School of Architecture of the Polytechnical University of Catalonia) and published in the academic journal Palimpsesto #13.]

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source: draftsperson.net

 

About Rafael Gomez-Moriana

I am an architect, writer and educator. rafagomo.com chronicles my architectural making, writing, teaching and curating activity, while criticalista.com is an archive of my writings as well as a platform for venting personal rants and observations. I studied architecture at the University of Waterloo (Canada) and at the Berlage Institute (the Netherlands). I direct the University of Calgary’s architecture term-abroad program in Barcelona and teach at CIEE, and have previously taught in the Metropolis Masters Program in Architecture and Urban Culture as well as at Carleton University and the University of Manitoba.

3 comments

  1. Pingback: ‘La crítica arquitectónica y la imagen del arquitecto’ | Rafael Gómez-Moriana

  2. Hola Rafael,
    Mencionaste hace poco que este artículo fue uno de los más vistos de tu blog, y consideras que ello es debido a que escribiste en español.
    Estuve pensando que los hispano hablantes somos aún una comunidad linguística que lee con más o menos asiduidad y que aún podemos leer textos largos. Pero otro de los factores sin lugar a dudas es que es un buen artículo que apunta a temas de interés actual en la arquitectura.
    Pero, quisiera hacerte un par de preguntas al respecto: Por qué piensas que la crítica arquitectonica es importante en esta sociedad mediática, considerando que una buena crítica requiere mucha elaboración y argumentación, es decir un buen número de palabras y de oraciones. Esto viene a colación de un artículo que leí sobre política española, donde se menciona que la nueva forma de hacer política ya no es la del orador (tipo Castro) que convencía a una audiencia a través de un discurso emancipador que duraba horas, sino mas bien que hacer política hoy en día está atada a una estrategia al alcance de la vida mediática. La estrategía de Podemos de utilizar Twits con esloganes contundentes, cortos y familiars fueron según el artículo muy acertados.
    Es decir, no es el gran programa político, sino una desagregación total de éste a través de mensajes muy cortos, rápidos de leer, rápidos de ser cooptados o no. Rápidos como las imagenes diarias que Archdaily nos manda en sus emails.
    Mi segunda pregunta es cuál es el canon en arquitectura hoy en día, recuerdo aún cuando estuvimos en el Instituto Berlage, que Keneth Frampton nos dió una serie de charlas sobre el canon en arquitectura, según su punto de vista relacionado a la tectónica constructiva. Cual es el canon arquitectonico hoy en día, está relacionado con la forma? Con el programa? O aún tiene que ver con la construcción misma? Cuál obra actual consideras que es un canon arquitectonico?
    Un abrazo, Northon

  3. Rafael Gomez-Moriana

    Northon, agradezco mucho tu comentario.

    En comparación con la crítica de cine o de literatura, la crítica arquitectónica no la lee mucha gente, ni siquiera muchos arquitectos, por tanto no es muy importante como tal. Pero sí que influye indirectamente en la cultura, a través de la labor de historiadores, académicos, curators, directores de museos y otros periodistas que sí que se interesan en la crítica. Un ejemplo es el paradigma urbanístico que supuso el Guggenheim de Bilbao durante casi dos décadas. La idea de que un edificio ‘icónico’ creado por un arquitecto ‘estrella’ pueda crear ‘milagros’ fue promocionada por el crítico de arquitectura del New York Times, Herbert Muschamp (http://www.nytimes.com/1997/09/07/magazine/the-miracle-in-bilbao.html?pagewanted=all). A partir de ahí, esta idea fue repetida por otros periodistas de todo el mundo hasta convertirse en una especie de dogma, especialmente entre políticos. Muschamp llevaba ya muchos años escribiendo en el NYT sobre las obras de un puñado de arquitectos (los sospechosos habituales) con la intención de crear un canon de arquitectura estelar, y cuando el Guggenheim de Bilbao fue inaugurado en 1997 llegó el momento de oro.

    El Guggenheim de Gehry es un buen ejemplo de edificio canónico por este motivo, te guste o no. Si no fuese por Herbert Muschamp y los que le siguieron, no sé si hubiese llegado a ser tan famoso este edificio, o si hubiese cambiado tanto el modo de hacer ciudad en países como China. Edificios canónicos son los que influyen en la sociedad, pero no pueden hacerlo exclusivamente mediante su tectónica, fotografía, o unos eslóganes. No sé si unos ‘tuits’ de Muschamp hubiesen sido suficientes para conseguir su objetivo. La estrategia de Podemos no consiste únicamente en twittear eslóganes, por cierto. Pablo Iglesias, hace poco, firmó un articulo muy largo (e interesante) en el New Left Review (http://newleftreview.org/II/93/pablo-iglesias-understanding-podemos). Twitter es útil para promocionar y reforzar algo que está mas elaborado en otro sitio y en otra forma. Es una herramienta y no un fin en si mismo.

    Al final, la influencia indirecta de Muschamp creó daño a muchas ciudades y a nuestro gremio. Pero hay que reconocer que entendía perfectamente cómo funciona la crítica en la sociedad.

    Espero que haya respondido a tus dudas, colega!

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